‘Rapunzel, El Perro y el Brujo’: Una autóctona historia de “asusto”

Charlamos con Andrés Roa Ariza, director de esta película colombiana de suspenso que, además, es el primer largometraje del Quindío en llegar a la pantalla grande.

‘Rapunzel, El Perro y El Brujo’ fusiona la realidad de la zona rural andina, el conflicto armado y los “asustos”, una expresión originaria de los campesinos de la Cordillera Central colombiana que hace referencia a aquellas historias de misterio y terror protagonizadas por brujas, duendes y personajes como La Llorona o la Madre Monte.

La película, la primera producción nacional rodada totalmente en el departamento de Quindío, ya se encuentra en salas de cine y tuvimos la oportunidad de conversar con su director Andrés Roa Ariza sobre su ópera prima, los retos de que sea el primer largometraje de esta zona del país y el futuro del cine de género en Colombia.

Me gustaría que iniciáramos esta conversación por este concepto de “asusto”; porque más allá de ser una película de terror, ‘Rapunzel, El Perro y el Brujo’  es una cinta de “asusto”.

En realidad, el “asusto” nace de los campesinos. Yo lo que hice fue adaptar ese término que ellos usan, el mismo que usaba mi abuelo, para rendir un homenaje y empezar a contar esas historias que ellos me contaban, pero en cine; llevarlo a la pantalla grande, con un sonido de filme, como con toda la experiencia.

Acá, el término “asusto” es un homenaje a ellos porque vamos a contar historias de ellos, su tradición oral. Creo que de ahí nace la expresión, no me la inventé yo; es una expresión que ellos la denominan así, por este tipo de historias. Entonces lo que hice fue adaptar esto, adoptarlo y llevarlo al cine.

Entonces, ¿podríamos decir que la gran protagonista de la cinta es la tradición oral colombiana?

Sí. La tradición oral colombiana, la tradición oral campesina.

Algo que también es diferente al realismo mágico.

Sí yo creo que sí. En estos días hablábamos de eso, de la diferencia entre el realismo mágico y la magia realista (risas).

Si te das cuenta, ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’ en cierta forma es fantástica, pero al final es un realismo muy oscuro, un realismo visceral, y eso es lo que queremos contar también porque nosotros somos un país que está lleno de ese tipo de narraciones. En la vida real también existen esos personajes que, digamos, planean toda una fantasía y todo un esquema para poder cometer algo muy oscuro y que se ayudan de todas estas tretas, de toda esta magia negra, una magia en la que se esconden, para poder llegar a un objetivo que no es tan chévere. Eso pasa mucho en el país.

Conozco muchas historias, muchos relatos de la vida real y también [historias] que me cuentan de ese tipo de cosas y que uno muchas veces queda sorprendido de lo descabellado que puede llegar a ser este país y que pueden llegar a ser los colombianos.

¿A partir de esto, nace la historia de ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’?

Sí, ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’ nació de ese tipo de historias. Digamos de recolectar personajes por ese estilo. Hay muchos personajes que están inspirados en personas reales y en otras que nosotros hemos conocido.

También lo que hicimos fue llevar a estos individuos que nos parecían muy “salidos de los cabellos” en la vida real y plasmarlos en el cine porque, en sí, ellos son personajes que podían vivir ahí. Por otro lado, lo que hicimos fue contar historias con ellos, historias que nos imaginábamos de personas reales, llevarlas a la pantalla, y empezar desde este punto a crear y a contar historias basándonos en este tipo de personajes.

Esta es la primera producción del Quindío que llega a la pantalla grande. ¿Cómo fue rodar en tierras quindianas y, a la vez, esto qué representa para el cine colombiano?

Rodar en el Quindío es muy importante, precisamente por eso, por lo que representa para para el cine regional y también para el cine colombiano; es como abrir una posibilidad de que de hay gente que está haciendo cine en el centro del país, en el Eje Cafetero, que está creando buen cine y que empiecen a mirar a este lugar, y a estas personas, para hacer producciones y para rodar en el Quindío.

Aparte de eso, también es un territorio que es muy bonito. Es una super locación. En el Quindío tenemos todo para contar historias de cualquier género. También hay una facilidad en cuanto al tamaño del departamento y poder acceder como a este tipo de topografías para contar diferentes historias muy rápido. En un día te puedes cruzar todo el departamento, por ejemplo.

Andrés Roa Ariza, director de ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’

También hay toda una estructura hotelera y de restaurantes, debido a todo este auge turístico que ha tenido el departamento, y creo que eso facilita muchas cosas de logística. Aunque con ‘Rapunzel’ fue muy complicado porque nosotros rodamos la película en un lugar muy inhóspito. Nos fuimos al Cañón de Los Juanes que es muy lejos; entonces ahí todo esto de la logística y de los hoteles no existió. Ni el transporte existió. Sin embargo, la película lo ameritaba y teníamos el lugar [ideal].

Pero creo que sí, ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’ es la puerta para todo esto que se viene; para que volteen a ver al Quindío y para que sepan que se pueden hacer producciones ahí y que hay personas del lugar que está haciendo buenas producciones.

Siendo esta tu opera prima, ¿cuáles fueron los grandes retos que se vivieron entorno a la película? porque, además de lo que comentabas sobre esta locación tan específica en el Quindío, una cosa es lo escrito en papel y otra muy diferente es llevarlo a una puesta en escena, ¿no?

Desafíos, ¡muchos! El hecho de que sea la primera película también es un desafío muy grande porque la gente no está acostumbrada a esto. Las personas en el departamento no están acostumbradas al cine y los entes gubernamentales no están acostumbrados al cine, tampoco. Literalmente, hay una carencia de apoyo muy notable. No tenemos apoyo gubernamental.

Pero eso está bien porque nos enseñó a hacer películas desde la parte privada; a buscar por otro lado, a buscar aliados afuera del Quindío. Ésta es la primera película del departamento del Quindío y tiene una coproducción de Telepacífico, o sea del Valle del Cauca. En cierta forma, es muy absurdo; pero a la vez es muy grato el hecho de poder contar con un canal amigo aliado como lo es Telepacífico y que logró suplir estas necesidades que no teníamos por esa falta de interés de lo local, de lo gubernamental, del canal regional. Entonces creo que eso sí fue un desafío.

Eso tiene que empezar a cambiar. El hecho de que empiecen a ver que el cine sí es rentable, que sí se puede hacer, que sí puede representar un departamento, que sí puede abrir nuevos caminos a nuevas industrias y a nuevas formas económicas de un departamento, y más uno tan pequeño como lo es el Quindío.

Entonces, creo que desafíos eso y rodar en la montaña, desafíos en el clima… muchas cosas que van en la parte de producción y logística, pero que fuimos sorteando porque así lo quisimos. Fuimos nosotros los que elegimos rodar en el Quindío.

Detrás de cámaras de ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’ // Foto: Sebastián Vejarano

Me parece interesante que la película esté en un marco de la guerra, pero que ésta no es propiamente la protagonista como lo hemos visto en otros largometrajes colombianos…

Esta película parte desde mi memoria. Yo crecí ahí en esas locaciones. Yo nací y crecí en Buenavista, Quindío, y allá la guerra estaba en un marco. Siempre había guerrilla, pero nunca hubo guerrilla; o sea la guerrilla nunca se tomó el pueblo ni nada, pero estaba en la montaña. Siempre había enfrentamientos arriba en la montaña, sabíamos que iba a estar el Ejército y muchas veces vimos guerrilleros por ahí. Entonces es una guerra que está ahí, pero que a la vez no está. Yo lo siento así.

En la película es igual: está siempre, más no está tampoco. Obviamente, al principio sí está presente porque estamos concentrados en el protagonista que es un soldado, pero digamos que él se va alejando de ese punto. Si te das cuenta, él está encerrado literalmente en ese marco de guerra porque no se puede ir, literalmente por eso: por la guerrilla.

Recientemente ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’  recibió el premio a Mejor Diseño Sonoro en el Festival de Cine Indie de Sevilla. Me parece que es un elemento clave para el desarrollo de la película…

Sí, desde el principio dejamos claro que el sonido iba a ser un protagonista, también. Queríamos sumergir a la gente en la cordillera quindiana y que escucharan lo que nosotros escuchábamos allá, que escucharan lo que literalmente iba a escuchar el soldado, el Perro, así como lo que estaba escuchando el Brujo.

Fue un trabajo muy fiel a la realidad y muy fiel al sonido que tiene la Cordillera con un experto en este tema, que es José Valenzuela y su equipo, junto con CABETO Sound de Manizales que aportaron para que el sonido directo de todos estos personajes fuera tan tan fiel, y a la vez tan 2.0, porque tiene un nivel muy alto.

Creo que también es muy importante, y siempre lo recalco, el hecho de invitar a la gente que vaya a ver ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’, pero que también vaya a escucharla. Creo que también es bueno ir a escuchar una película para que se den cuenta que el sonido es un protagonista más de este largometraje.

Detrás de cámaras de ‘Rapunzel, el Perro y el Brujo’ // Foto: Sebastián Vejarano

Algo que me llamó bastante la atención es la presencia de ‘Manicomio 5-27’ de La Etnnia. ¿Por qué esta canción aparece en la cinta y cómo llegó La Etnnia a este proyecto?

Bueno, debo confesar que yo soy amante del rap. Toda mi vida he escuchado rap y durante la época en la que transcurren los hechos de la película, yo escuchaba rap. Me acuerdo de que cuando era muy joven, los soldados y el Ejército iban a mi pueblo a hacer sus cosas, no sé patrulla o reten, y los soldados siempre estaban escuchando rap. Además, en los años 90, a principios de los 90, se escuchaba La Etnnia.

Y lo que queríamos hacer acá, no solo era rendir tributo a la música colombiana de esa época, la música urbana, sino también llevarla a una realidad: que, si nos vamos a ese entorno, un soldado podría escuchar ese tipo de música y que, tal vez, cuando El Perro era soldado escuchaba rap como también lo hacían los soldados de la vida real. ‘Manicomio 5-27’ es una canción de 1993; entonces podríamos decir que está cronológicamente perfecta para que le dé ese toque de acción a ese momento en particular en el cual la necesitamos, pero es una acción de los años 90.

¿Tú crees que la cinta daría pie para una secuela?

¡Uy, no sé! Creo que más que una secuela, se prestaría más el tema del asusto para seguir contando historias, de esa misma época y de esos mismos sentimientos que tenía ese mismo país, pero ya desde la parte del misterio campesino y del misterio colombiano.

Retomando el tema del “asusto”, y a propósito de que me mencionabas que eran también historias que te contaban de pequeño, ¿cuál es la historia de “asusto” que más recuerdas?

La que más recuerdo se llama La Piedra del Ara. Es una historia superlinda. Mi abuelo me contaba esa historia porque él tenía la piedra.

Hay una frase que dice que cuando alguien es muy fuerte, cuando un hombre es muy fuerte, le dicen que tiene la mano mancada. Tiene mucha fuerza en una mano y, literalmente, es porque se pone una piedra dentro de la muñeca y eso lo hace muy fuerte.

Y esa piedra tiene muchas historias de cómo se consigue la piedra, de qué se puede hacer y no hacer con ella, si se puede o no meter al río, bueno un poco de cosas muy bonitas que dan para crear superhéroes colombianos, por ejemplo, pero superhéroes desde el punto de vista de la cultura campesina colombiana y ¡qué en realidad existieron! porque mi abuelo, recuerdo, tenía la cicatriz en la muñeca de la Piedra del Ara. Esa es la historia que más recuerdo de toda esta tradición oral campesina quindiana.

Finalmente, ¿cómo ves la escena del thriller, del suspenso y del cine fantástico en el país? ¿Hay un claro horizonte para el cine de género en Colombia?

¡Uy, sí! Están pasando cosas muy bonitas. He visto que ya hay muchas personas que están contando no solo sobre estos géneros, sino también Gótico. Por ejemplo, hay un cortometraje espectacular de Drácula en Bogotá y me pareció hermoso el hecho de empezar a contar este tipo de cosas.

Y pues obvio, es empezar a revisar por dónde vamos a ir; pero creo que si hay un horizonte muy bonito porque es que Colombia es así Colombia: es muy misterioso, es muy esotérica. Colombia es muy de la gente que tiene pactos con el Diablo, muy de la brujería, muy de todas estas cosas y creo que no lo estamos contando. Pero ya lo sabemos y ya estamos entendiendo que eso está ahí, que siempre lo ha estado y que vale la pena empezar a relatar esto porque gusta mucho.

Hay un tema que siempre recalco y es el hecho de lo bien que me ha ido contando de mi aldea. Es decir, me ha ido muy bien con mi carrera porque siempre estoy contando historias así, porque sé que a la gente les gusta. Independientemente en dónde esté, siempre hay una aceptación de este tipo de historias; y me di cuenta de que era un muy buen camino irme por ahí: empezar a contar este este tipo de historias tan nuestras, tan de mi aldea, para que más adelante fuéramos globales, fácilmente.

Ángela

Ángela "Tata" Rodríguez — Directora / Editora

Comunicadora Social y Periodista. Movie & TV junkie. Fan del mundo de los Superhéroes, la Animación, la Ciencia Ficción y la Fantasía. Team Marvel. El Rock ha sido gran parte de la banda sonora de su vida. Stan Lee, Freddie Mercury, Indiana Jones, Carrie Fisher y Buffy Summers son algunos de sus héroes. Llora con facilidad en las salas de cine. Si su vida fuera una película la dirigiría Edgar Wright.