Olivia Colman y Benedict Cumberbatch convierten una ruptura en una comedia mordaz llena de sarcasmo y momentos brillantes.
Revisitar ‘The War of the Roses’, la novela de Warren Adler que Danny DeVito convirtió en un clásico en 1989, no era un reto sencillo. Aquella versión era feroz, oscura y cruel, una sátira sobre el matrimonio que marcó una era. Ahora, el director Jay Roach (Meet the Parents, Bombshell) y el guionista Tony McNamara (The Favourite, Poor Things) retoman la historia desde otro ángulo: más ingenioso, más verbal y con un humor británico seco que se siente muy actual.
Con Benedict Cumberbatch y Olivia Colman al frente, ‘The Roses’ se convierte en una comedia mordaz sobre cómo el amor puede transformarse en una batalla campal. Y aunque no alcanza la ferocidad de su predecesora, encuentra su encanto en la química de dos actores que saben cómo hacer del odio algo divertido de ver.
La trama parte de algo tan sencillo como real: un matrimonio que, tras años de convivencia, decide poner fin a su relación. Theo (Cumberbatch) e Ivy (Colman) intentan separarse de manera civilizada, pero pronto las emociones reprimidas, el rencor y el orgullo convierten su divorcio en una guerra sin tregua. Lo que debería resolverse en una mesa de abogados se transforma en un duelo personal, cargado de reproches, sabotajes y un ingenio venenoso que deja a ambos, y a nosotros como espectadores, sin respiro.
Lo más interesante es que la película nunca olvida que, detrás de tanto odio, hay un amor que existió y que sigue asomándose en pequeñas grietas. Esa tensión, entre la nostalgia y el desprecio, es lo que hace que cada escena sea tan incómoda como divertida.
Aquí no hay misterio: ‘The Roses’ funciona porque Cumberbatch y Colman se devoran la pantalla desde la primera escena. Cada uno brilla por sí mismo, pero verlos discutir, retarse y lanzarse pullas es un verdadero espectáculo. Son mordaces, rápidos y tan divertidos que incluso los momentos más tensos terminan siendo irresistibles. Su humor seco, la manera en que se complementan y su impecable timing cómico convierten cada cruce de palabras en una batalla tan brillante como despiadada.
Sus diálogos están llenos de ironía y sarcasmo. Podrían sonar exagerados, pero la interpretación de ambos los llena de verdad. Eso hace que sea difícil ponerse solo del lado de uno: a veces entendemos a Theo, otras a Ivy. Esa ambigüedad mantiene viva la tensión y convierte cada enfrentamiento en un juego donde nadie gana del todo, pero el público siempre disfruta.
Es un gusto volver a ver a Olivia Colman en su faceta cómica, la misma que había mostrado en ‘Peep Show’ (2003), ‘Green Wing’ (2004) e incluso en ‘Hot Fuzz’ (2007) de Edgar Wright. Su Ivy es feroz, a veces exagerada, a veces absurda, pero siempre con un trasfondo humano. Su rabia y sarcasmo nunca son gratuitos: nacen de una frustración real que la vuelve tan divertida como entrañable.
Por su parte, Benedict Cumberbatch sorprende soltándose en un género que rara vez explora, más allá de los destellos de ironía que ya le conocíamos en ‘Sherlock’ (2010) o de sus colaboraciones con Wes Anderson. Su Theo es encantador y desesperante al mismo tiempo, y Cumberbatch aprovecha esa dualidad de manera brillante, haciendo que cada intercambio con Colman se transforme en un duelo verbal chispeante, lleno de réplicas que nunca pierden fuerza.
El guion de Tony McNamara no busca copiar la novela de Adler ni la película de 1989. Reinterpreta y moderniza la historia, invierte roles y apuesta por un humor más verbal que físico. Aquí, los dardos están en las frases y en la constante ironía, más que en las situaciones caóticas que caracterizaron a la cinta protagonizada por Michael Douglas y Kathleen Turner. Esta decisión da frescura y elegancia, aunque también suaviza mucho la historia.
Dicho esto, ‘The Roses’ no olvida el lado doloroso de una separación. Detrás de cada insulto hay nostalgia y recuerdos de lo que fue, lo que convierte las discusiones en algo incómodo pero reconocible. Jay Roach acompaña bien esta visión: el ritmo es ágil, las escenas de discusión están muy bien construidas y la tensión siempre está presente. Sin embargo, rara vez se siente que la historia llegue al punto de locura que promete (y que muchos esperaríamos). Incluso en sus momentos más explosivos, da la impresión de que el director prefiere contenerse antes que abrazar del todo el caos. Eso la hace más fácil de ver, sí, pero también la aleja de esa oscuridad que hizo tan inolvidable la versión de Danny DeVito.
El reparto de apoyo es atractivo en papel, pero deja sensaciones encontradas porque muchos de ellos apenas tienen espacio para brillar. Zoë Chao, Jamie Demetriou, Sunita Mani y Ncuti Gatwa tienen buenos momentos, pero apenas tienen peso en la historia. Incluso Allison Janney, a pesar de su explosiva aparición como la abogada de Ivy, desaparece demasiado pronto.
Quienes realmente destacan son Andy Samberg y Kate McKinnon. Consiguen robarse cada momento en el que aparecen: Samberg da aire fresco a las escenas más densas, mientras que McKinnon brilla con estilo entre excéntrico y sarcástico, que la convierte en inolvidable. El problema es que hay demasiados personajes secundarios para tan poco desarrollo. Da la impresión de que la historia no sabe muy bien qué hacer con ellos, reforzando la idea de que esta es, ante todo, la película de Cumberbatch y Colman.
‘The Roses’ no es tan oscura ni tan despiadada como la versión que recordamos de los 80, pero encuentra su propio camino. Su tono es más ligero y elegante; aunque a veces le falta atrevimiento, es entretenida gracias a un guion ingenioso y, sobre todo, a la dupla de Cumberbatch y Colman, que elevan cada escena con carisma y ferocidad.
Al final, es difícil no pasar un buen rato viendo a estos dos grandes actores destriparse con humor y dolor, por igual. Tal vez le falten más espinas para dejar cicatriz, pero lo que ofrece alcanza para una experiencia divertida y con mucho estilo.